12/30/2006

Murió el monigote, el títere Pinochet.


Con alegría contenida he recibido la muerte de Pinochet. Es cierto que ha muerto el dictador. Ha muerto también la posibilidad de que se hiciese justicia. Justicia para los miles de chilenos desaparecidos y de los familiares que tenían la “esperanza” de la justicia chilena por fin hiciera justicia. Pero no ha sido así. La paradoja de su muerte, es que justo el día que se celebraba en el planeta el día de los derechos humanos, ha muerto el monigote y títere Pinochet. Pero con él se fue la posibilidad de enjuiciar también a los verdaderos responsables de tanta muerte en el continente latinoamericano.

Dos cosas se nos quedaran en la vitrina de la historia. La primera es que con la muerte del dictador, se fue también la posibilidad de responsabilizar a las dictaduras militares que en la década de los setenta gobernaron el continente entero y por ende enjuiciarlos por las atrocidades cometidas. Responsabilizarlos de la colaboración en las torturas, en la persecución, en los asesinatos y desapariciones de militantes, colaboración con Estados Unidos. Responsabilizarlos de los miles de exiliados, que desde entonces, hay por Europa, Canadá, Australia.

Sin embargo lo que la justicia se niega por miedo - o por quien sabe que carajo magancería -, en los países donde todavía hay responsables asesinos y castigar a los militares culpables de tanta represión. Mientras la justicia siga comportándose como el avestruz que prefieren esconder la cabeza antes de sentar al banquillo de los acusados a los responsables ejecutores de las atrocidades. Si eso sigue así, las víctimas, y el pueblo nunca olvidan. Hasta que no se haga justicia.

Sin embargo hay una segunda cuestión que por serla no es menos importante. Al contrario creo que es la más importante. Y es que detrás de esas dictaduras había una mano que ordenaba y las financiaba. Que gracias a esa mano se cometieron las atrocidades que todos conocemos. Ningún país podía hacer algo o no querían, ya que esas dictaduras estaban siendo promovidas y auspiciadas por el imperialismo yanqui. Son Estados Unidos y la CIA, los verdaderos responsables de miles de muertos y desaparecidos. Y las dictaduras militares fueron quienes llevaron acabo los planes macabros de los gringos con el pueblo latinoamericano. Son ellos los responsables de que existan, todavía hoy, por todo el mundo, exiliados chilenos, argentinos, uruguayos etc.

Con la muerte de Pinochet no sabremos quien fue el verdadero instigador - aunque nosotros ya lo sepamos – de las miles de muertes y desapariciones, al premio “Nóbel de la paz” de entonces, Kissinger, le preocupaba que el socialismo democrático de Allende pudiese transmitir un ‘mensaje equivocado’ a los electores de las democracias europeas. Por lo tanto, era necesario impedir al ‘virus extender el contagio’.

Con los archivos desclasificados de la CIA se pudo demostrar cómo la CIA, fue el instigador antes y después del golpe militar y el asesinato a Salvador Allende, y la persecución a miles de militantes de izquierda chilena. Que los gringos, Pinochet y demás militares del Sur de América, son los verdaderos responsables de las miles de muertes, de los desaparecidos y exiliados. Son los gringos y los militares, los responsables del genocidio cometido al amparo de la lucha anticomunista. Son ellos los responsables y algún día, esperamos todos los latinoamericanos, tendrán que pagar. Se murió el dictador el ejecutor de las órdenes que dieron los gringos. Que siguen dándolas por todo el mundo.
Teología de la liberación y marxismo
Van de la mano en América latina.

En América latina si se va a construir el socialismo en este siglo XXI, si queremos cambiar las estructuras injustas, habrá que contar, nos guste o no, con la religiosidad popular, . Entiéndase religiosidad popular como algo diferente, en todos los sentidos, de lo que es la iglesia institucional. Los pobres de América latina tienen una herramienta ideológica de análisis teológico para aquellos que se consideran cristianos, esa herramienta se llama teología de la liberación y que en su hacer teológico subyace el marxismo. Como a los marxistas, el marxismo fue a aquellos que se consideraban, en su día, revolucionarios. Ese análisis marxista tiene que seguir siendo un soporte ideológico y herramientas necesarias para hacer un análisis de clase.

La lucha por la liberación de nuestros pueblos latinoamericanos sigue - y pasa - por confrontar y enfrentar ideológicamente al imperialismo, de momento, esa herramienta, es la dialéctica materialista, en otras palabras marxismo y teología de la liberación, hoy por hoy, tienen que ir de la mano. Es la herramienta necesaria para desenmascarar la explotación a la que somete ese modo de producción a las personas.

El imperialismo con su modelo de explotación y su nombre recuperado por conservadores economistas, el neoliberalismo, que no es mas que el capitalismo a escala planetaria. Continua exprimiendo a los obreros, a los campesinos. Si ampliamos mas la clase que no es dueña de los medios de producción, y la tomamos “prestada” de los teólogos de la liberación, nos encontramos con un abanico mucho mas amplio: los negros, las mujeres, los inmigrantes, los niños. Todos estamos siendo, en este momento, y en silencio presa del neoliberalismo, nos come, nos mata, no niega tanto física y psíquicamente.

En América latina la situación político social puede darnos en el futuro otra perspectiva en el continente y esa tiene que ser de esperanza y de lucha, de cambios estructurales etc. Si se afianzan los procesos que se están viviendo en varios países, las materias primas, riqueza esencial para el bien común de los pueblos se queda para el beneficio de la gente mas sencilla y humilde, veremos otros rostros emerger con social justicia de la nada, de esa nada que hasta nuestros días se les ha negado todo. La lucha continúa en todo el mundo y en el continente de América nativa también. Sin olvidar su carácter de clase eso tiene que por fin dar su frutos.

Y es que esa lucha sigue siendo de clase, aunque hay algun@s de esos que se dicen “intelectuales” que renieguen de su pasado marxista. Alegando entre otras cosas que las condiciones sociales han cambiado y lo que se vivió en el pasado de represión y de explotación, ya no tiene vigencia. Con esto se evidencia lo lívido y débil de sus principios. Pero que el capitalismo, con sus expresiones de explotación, sigue haciendo de las suyas en muchos países del Norte como del Sur es harto evidente y nadie lo puede ignorar.


Teología y de clase.

La teología de la liberación en América latina empezó hacerse de clase en los años sesenta incluso en los cincuenta. Teólogos de todo el continente comenzaron a debatir sobre cómo construir ese pensamiento espiritual desde la perspectiva de los pobres del continente latinoamericano. El Vaticano II fue un impulso, aunque débil, para muchos teólogos. Teólogos como Gustavo Gutiérrez, Ignacio Ellacuría, Jon Sobrino, Leonardo Boff, por poner algunos nombres, comenzaron y construyeron desde el marxismo, lo que hoy conocemos como teología d el la liberación. Y algunos han dando su vida por defender a los oprimidos, a los pobres, a los sin tierra, a lo sin techo. Sin embargo a otros les ha sido difícil llegar a entender - o ver - con claridad esa especificad teológico marxista latinoamericana. Otros la mayoría de los que lucharon en El Salvador como en Nicaragua, tuvieron acceso al marxismo desde el cristianismo de base.

En Centroamérica las Comunidades Eclesiales de Base, desde el ámbito católico, concientizó a millones de personas y desde ahí partieron para cambiar las estructuras injustas del capital que imponían los gringos en la zona. La iglesia popular fue el nombre que se dio a ese movimiento cristiano de liberación para diferenciarse de la iglesia institucional y papista. Llegar a ver en ellos, tanto en el pasado como hoy, la lucha que se libra en América latina y comprender esa conjunción de análisis, no es tarea fácil para aquellos que en Europa han sido víctimas de las dictaduras y que eran bendecidas por la jerarquía de la iglesia católica. Por esta razón es necesario plantear y revelar lo que en el fondo la teología de la liberación nos ofrece.

Algo parecido le paso a Fidel y lo comentó con Leonardo Boff cuando éste le visitó, en la isla, en el año 1985, en el escrito L. Boff comenta la experiencia con Fidel; (...) “Algunos puntos de aquella convivencia me parecen relevantes. Primero, la persona de Fidel. Es más grande que la Isla. Su marxismo es ético más que político (...) su buen conocimiento de la teología de la liberación. Había leído una montaña de libros, todos anotados con listas de términos y de dudas que aclaraba conmigo. Llegué a decirle: «si el Cardenal Ratzinger entendiese la mitad de lo que entiende usted sobre teología de la liberación, bien diferente sería mi destino personal y el futuro de esta teología». Y en ese contexto confesó: «Cada vez me convenzo más de que ninguna revolución latinoamericana será verdadera, popular y triunfante si no incorpora el elemento religioso»." (...) «Estuve interno en los jesuitas varios años; me dieron disciplina pero no me enseñaron a pensar. En la cárcel, leyendo a Marx, aprendí a pensar. Por causa de la presión estadounidense tuve que acercarme a la Unión Soviética, pero si hubiese tenido en aquel tiempo una teología de la liberación, seguramente la habría abrazado y aplicado en Cuba» http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=181

resumiendo es necesario, pues, luchar con - desde la teología de - la liberación para hacer realidad la praxis revolucionaria de millones de personas que viven su cristianismo desde esa perspectiva. Y de millones de latinoamericanos que viven su praxis revolucionaria desde el marxismo, implícitamente en la primera (teología revolucionaria como le dio en llamar en sus incipiente pensamiento teológico Ignacio Ellacuría), ya que las herramientas de ese estudio teológico es precisamente, marxista. Por eso que no nos resulte extraño ver en manos del Presidente Chávez algún que otro símbolo religioso. Porque sólo conjugando los dos, sin llegar a confundirse, podemos construir en América Nativa, el socialismo del siglo XXI.