9/26/2006

Ya estamos aquí

Desde hace 500 años, los países del norte engrandecen sus riquezas mediante un proceso largo de saqueo y usurpación, como consecuencia han podido construir un sistema económico mundial en sus respectivos países. Antes los del norte iban a nuestros países. Emigraban a hacer las indias. Y hoy nosotros estamos aquí. Hemos venido dejando nuestros pueblos, obligados por una economía que los países del “tercer mundo” tienen que sufrir por culpa de los países ricos y que condenan a millones de personas a buscar en otras tierras, mejores condiciones de vida.

A nosotros se nos mira como personas de tercera categoría y no como sujetos que podemos aportar al desarrollo económico y social. Se nos ve como delincuentes, como instrumentos de trabajo para el funcionamiento de la producción y por ende se nos ve como un objeto más de explotación.

Y es en las políticas que se está llevando a cabo en torno a la inmigración donde la verdad, la sinceridad y la honestidad son valores que brillan por su ausencia; mientras que la mentira, la falacia, la hipocresía, las calumnias y las provocaciones son su referente.

Ya nos han dado sus opiniones los políticos de turno y ciertas organizaciones que con la temática de la inmigración han hecho protagonismo en los últimos tiempos. Queremos ser opinadores, hacer propuestas desde el punto de vista de los inmigrantes. Y no sólo opinar desde el silencio. Sino propuestas que apunten a solucionar nuestra problemática.

Existe una política falsa, egoísta y ciega que queremos los inmigrantes poner al desnudo. Con planteamientos y vivencias propias, ya que somos los únicos que podemos hablar de nuestra realidad de explotación a la que nos está sometiendo el estado español.

Por estas y muchas más razones nace Aclai y aquí estamos.

Somos un colectivos de inmigrantes latinoamericanos que nos organizamos en torno a esta asociación viendo el vacío cultural. Y porque no hay ninguna organización que nos identifique como lo que somos. Porque pensamos y somos sujetos de nuestras propias vidas en esta sociedad, en la que nos encontramos con la cultura de este país, y debemos hacer desde la perspectiva de los inmigrantes, y con nuestras sensibilidades para poder construir nuestro futuro. Con todos los demás colectivos que son nuestros compañeros de viaje: Los subsaharianos, los magrebíes, los árabes, los beréberes etc. Y con todos que quieran solidarizarse con nosotros.

No queremos ofrecer nada desde el punto de vista paternalista ni asistencialista, y no ofrecemos ayuda jurídica, de ese se encargan otras asociaciones. Nos organizamos en este asociación porque es un referente cultural y de identidad de nuestro colectivo y porque es una organización de nuevo tipo. Queremos conseguir con la organización y la lucha, nuestros derechos. Creemos que la inmigración es un componente social a tener en cuenta en este país. Solo respetando la cultura de este país y ello la nuestra, conseguiremos una sociedad multicultural.


Hablando de la migración y otras groserías

Txanba Payés
Gara

Se está hablando estos días mucho sobre el tema de la migración. Y hablan los mismos de siempre, no como un tema del cual les preocupan las causas que obligan a salir ni la situación de las personas que están llegando, sobre todo, a Canarias. Pero casi nadie, por no decir nadie, apunta a la causa que origina la salida de tantas personas del planeta a migrar. El modo de producción capitalista, con su política neoliberal, esta desangrando a todos, pero mucho más a los que proceden, como se ve en los medios de comunicación, de los países del Sur. Bien sabemos que la preocupación no va por allí. No. La preocupación de los gobiernos va por otros derroteros. Les preocupa dar un imagen de gobierno blandengue. Y mano dura a los «ilegales», palabra más vil, pusilánime y fuera de lugar desde el punto de vista... en fin, desde todos los puntos de vista.

Se habla de que el Gobierno canario no puede con ­permítanme la expresión­ «la avalancha» de inmigrantes que llegan en pateras, cayucos... a las Islas. El Gobierno canario pide al español más ayudas para frenar la avalancha. Y el Gobierno español pide a Europa más ayuda, y Europa promete ayuda; porque el tema de la inmigración, como dicen ellos, nos compete a todos.

Mientras tanto, el Gobierno español remite a las ONGs a ciertos migrantes y éstas, claro está, reciben ayudas-migajas del Gobierno español, pero reciben y atienden, asisten a los desfallecidos inmigrantes. El dinero público, aún siendo poco, las ONGs con su labor, su esmero y desinterés parchean una realidad que le compete al Estado subsanar. Y ellas cumplen con mística solidaria los requisitos para garantizar que aquél a quien atienden recibe la limosna que les ofrece el Estado, pero sólo durante tres meses, y luego a los que han podido entrar se les abandona en las calles de cualquier ciudad y a buscarse la vida como buen migrante sin documentos que es. Así la gente los ve a los pobrecitos deambular buscando trabajo o, si no, mendigando. O para que otro ínclito y anónimo caritativo se compadezca y le asista. La sociedad siempre dispuesta a socorrer al desvalido. Y ahí, en la realidad más oscura, como por arte divina, la Iglesia que no les abandona, les asiste, les atiende, porque si no lo hace ella, el Estado y las ONGs simplemente les abandonan.

El tema da para mucho. Se puede hablar desde muchos puntos de vista; el económico, el cultural, el social y político, etc. Se puede hablar en el bar con amigos, y curiosamente en las conversaciones siempre quien tiene la culpa de todo es, precisamente, el migrante. El foráneo, el inmigrante que llega a nuestro país a quitarnos los puestos de trabajo... y se oyen los tópicos y los mismos comentarios que se hacían con los gitanos. «Ellos reciben ayudas, ¿y nosotros qué? Nada». «¿Y mi hijo que no trabaja, qué?». «A ellos, a los inmigrantes, les dan hasta vivienda...».

Nunca tenemos la culpa nosotros, pudiendo cambiar gobiernos que están llevando políticas que benefician a las corporaciones, a las empresas, a las transnacionales en vez de políticas que eviten que tantas personas tengan que huir de su tierra a buscarse una mejor vida que la que les ofrece su propio país, gobiernos como los de Bush y sus secuaces, y entiéndase por secuaces tanto a la Unión Europea como a los gobiernos títeres de los países del Sur, porque son ellos los que cumplen a pies juntillas lo que les dictan el Banco Mundial y el FMI. Y todos sabemos a estas alturas quien da las órdenes... Gringolandia, su Gobierno y sus políticas represivas en el mundo. Este es el quid de la cuestión. El neoliberalismo es el verdadero responsable de que hoy en día las migraciones en el mundo sean mayores que otros años.

Para finalizar sólo queda argüir lo de siempre, el tema de reflexión que más de una vez ha salido entre amigos después de una jornada laboral cansina, tomándonos un café: Para mantener nuestro nivel de vida se necesita establecer unas relaciones profundamente antagónicas con los países más atrasados tecnológicamente y ricos en materias primas. A esos países se les mantiene en el subdesarrollo, el cual aparece como otra cara del desarrollo. El subdesarrollo surge como un desarrollo dependiente y asociado al desarrollo de los países ricos.

El sujeto histórico serían, los pueblos del Sur, que deben adquirir y elaborar una conciencia de su situación de oprimido, organizarse y articular una serie de prácticas que tengan como objeto el logro de una sociedad alternativa menos dependiente e injusta.

Mientras unos terminan de dar los últimos sorbos al café, Patxi suelta un eructo al terminar su cerveza y Mikel le echa la mirada a una cubana que pasa al lado de donde nosotros acabamos de arreglar, en el bar, el mundo. Y mañana será otro día, hay que currar, y siguen llegando pateras, pero habrá que dejar el tema para otro día, si sale.

9/02/2006


leonardo boff

Los 80 años de Fidel: confidencias
2006-08-11

Lo que voy publicar aquí va a irritar o a escandalizar a aquellos a quienes no les gusta Cuba o Fidel Castro. Eso no me preocupa. Si no ves el brillo de la estrella en la noche oscura, la culpa no es de la estrella sino tuya.

En 1985 el entonces cardenal Joseph Ratzinger me sometió, por causa del libro Iglesia: carisma y poder, a un «silencio obsequioso». Acogí la sentencia, dejé de enseñar, de escribir y de hablar en público. Meses después fui sorprendido con una invitación del Comandante Fidel Castro, pidiéndome pasar 15 días con él en la Isla, durante sus vacaciones. Acepté inmediatamente pues veía la oportunidad de retomar diálogos críticos que junto con fray Betto habíamos entablado varias veces anteriormente.

Puse rumbo a Cuba. Me presenté al Comandante. Él, delante de mí, telefoneó inmediatamente al Nuncio Apostólico con el que mantenía relaciones cordiales y le dijo: «Eminencia, está aquí fray Boff; va ser mi huésped durante 15 días. Como soy disciplinado, no permitiré que hable con nadie ni dé entrevistas, así observará lo que el Vaticano quiere de él: silencio obsequioso. Velaré para que se respete. Y así fue.

Durante 15 días, ya fuera en carro, en avión o en barco me mostró toda la Isla. Simultáneamente al viaje corría la conversación, con la mayor libertad, sobre mil asuntos de política, de religión, de ciencia, de marxismo, de revolución y también críticas sobre el déficit de democracia.

Las noches se dedicaban a una larga cena, seguida de conversas serias que a solían llegar hasta bien entrada la madrugada. A veces hasta las 6 de la mañana. Entonces se levantaba, se estiraba un poco, y decía: «ahora voy a nadar unos 40 minutos y después voy a trabajar». Yo iba a anotar lo conversado y después, a dormir.

Algunos puntos de aquella convivencia me parecen relevantes. Primero, la persona de Fidel. Es más grande que la Isla. Su marxismo es ético más que político: ¿cómo hacer justicia a los pobres? Después, su buen conocimiento de la teología de la liberación. Había leído una montaña de libros, todos anotados con listas de términos y de dudas que aclaraba conmigo. Llegué a decirle: «si el Cardenal Ratzinger entendiese la mitad de lo que entiende usted sobre teología de la liberación, bien diferente sería mi destino personal y el futuro de esta teología». Y en ese contexto confesó: «Cada vez me convenzo más de que ninguna revolución latinoamericana será verdadera, popular y triunfante si no incorpora el elemento religioso». Tal vez por causa de esta convicción prácticamente nos obligó, a fray Betto y a mí, a dar cursos sucesivos de religión y de cristianismo a todo el segundo escalón del Gobierno y, en algunos momentos, con todos los ministros presentes. Esos verdaderos cursos fueron decisivos para que el Gobierno llegase a un diálogo y a una cierta «reconciliación» con la Iglesia Católica y demás religiones en Cuba.

Para terminar, una confesión suya: «Estuve interno en los jesuitas varios años; me dieron disciplina pero no me enseñaron a pensar. En la cárcel, leyendo a Marx, aprendí a pensar. Por causa de la presión estadounidense tuve que acercarme a la Unión Soviética, pero si hubiese tenido en aquel tiempo una teología de la liberación, seguramente la habría abrazado y aplicado en Cuba». Y remató: «Si un día vuelvo a la fe de mi infancia, volveré de la mano de fray Betto y de fray Boff». Llegamos a momentos de tanta sintonía que sólo nos faltaba rezar juntos el Padrenuestro.

Yo había escrito 4 gruesos cuadernos sobre nuestros diálogos, pero en Río asaltaron mi carro y se llevaron todo. El libro imaginado jamás podrá ser escrito, pero guardo en mi memoria una experiencia inolvidable de un Jefe de Estado preocupado por la dignidad y el futuro de los pobres.