7/29/2008


De esclavos e inmigrantes ilegales



En el siglo XVIII Europa vive una orgía expansiva de su razón cultural. El capitalismo avanza a pasos agigantados. El proceso de acumulación, que en el siglo XVI inicia su andadura con el etnocidio de aztecas e incas, entre otros, asentará dos siglos más tarde sus bases sobre la esclavitud africana. Las plantaciones de azúcar en el Caribe y la producción de tabaco y algodón unirán África, Asia y América hispana a una emergente economía mundo dentro de un orden global. Con él, se forja el concepto de Occidente y se crean las fronteras geopolíticas de un poder imperialista y colonial. Es la bienvenida a las formas de explotación justificadas bajo la idea de progreso, el utilitarismo y el lucro subsumidos en la revolución industrial. En el siglo XXI, dichos valores sufren alteraciones en función de los cambios tecnológicos y la forma de apropiación de las riquezas naturales y la fuerza de trabajo.

Si hacemos memoria, los centros imperiales no dudaron en desarraigar pueblos africanos para venderlos como mercancías. En sólo un siglo (1680-1786), Gran Bretaña movilizó más de dos millones de esclavos a las Antillas. De esta manera la monarquía vio aumentar su riqueza, los empresarios sus caudales y la burguesía sus fortunas. Todo se beneficiaban, menos los africanos. La mano de obra esclava era considerada parte del capital. Su precio de mercado tasado como mercancía. Los bancos, las compañías aseguradoras y las navieras obtenían ganancias superiores a las provenientes del marfil u otros productos de ultramar. El porcentaje en muchos casos alcanzaba el 300 por ciento, y en situación de peligro durante la travesía, el capitán gozaba de autorización para deshacerse de la carga humana. El seguro corría con los gastos. Era un cálculo estratégico. Así, quienes violaban, secuestraban y encadenaban a los esclavos, eran los que transaban el precio con las baratijas y pacotillas entre los esclavistas. Un negocio redondo. Cuando llegaban al puerto de Bristol, Glasgow o Liverpool, mutaban en aristócratas, banqueros o burgueses. Algunos de ellos se consideraban benefactores de los pobres y buenos samaritanos. Los reyes del azúcar, del algodón y del tabaco eran conscientes del origen de su riqueza. Chorreaban sangre esclava por sus poros. Lo mismo acontecía en la España borbónica y en los países bajos. Pero traer esclavos era bicoca. Además se reproducían en cautividad.

La negritud en Europa y también en América se expande a consecuencia de la esclavitud. Es parte del desarrollo del capitalismo colonial. África se empobrece por el esquilme de su principal riqueza, la humana. A la par, se apropian de sus recursos naturales y la sangría de población continúa hasta bien entrado el XIX. No se habla de inmigrantes ilegales. Simplemente se procede a su expropiación como mercancía. Hoy, Europa occidental, cambia la estrategia. Bajo el criterio coste-beneficios considera más rentable que esclavicen las transnacionales. Se pacta con las clases dominantes cipayas unos sueldos de miseria para sus trabajadores y se expolian los recursos naturales en las minas de uranio, oro, diamantes, cobre, etcétera. Así, apoyan gobiernos amigos proclives a sus dictados. Así, en sus fronteras, la civilizada Europa occidental crea un cordón de seguridad para repatriar a los indeseables. Leyes contra los inmigrantes ilegales.

La imagen de un capitalismo expansivo sin excluidos es un mito por definición del capitalismo. Sus fundamentos son la explotación y la violencia. Así se explica la muerte de miles de niños al día por hambre y por enfermedades provocadas conscientemente por los gobiernos y las empresas monopólicas que controlan las patentes de medicamentos y alimentación. Sin embargo, para millones de africanos, latinos y asiáticos, ahora inmigrantes ilegales, este mito esta vigente, es una opción. Bajo esta premisa emprende el éxodo hacia Europa occidental, buscando la ansiada recompensa: un trabajo y un sueldo digno. La planificación del viaje es milimétrica. Emigra el más fuerte, el más aventajado y luego seguirá la familia. El fracaso no es una alternativa. Por ello, no tiene miedo al peligro, es osado. Quiere un futuro para los suyos y no ceja en su esfuerzo. Será de este sueño del cual se aprovechan los nuevos negociantes y empresarios de la muerte del emigrante. Mafias organizadas ofrecen permisos de trabajo, residencias, pasaportes falsos y un viaje tranquilo. Los incautos son vilipendiados. En la segunda guerra mundial, se hizo con los judíos, los comunistas, homosexuales que querían huir de Alemania. Eran timados. Entregaban joyas y hasta el último centavo buscando la libertad, y el día prometido de la fuga, esperaba la policía nazi, el campo de concentración y la cámara de gas. Hoy, no está el contrato de trabajo, se encuentra una balsa improvisada, el mar embravecido, la falta de alimentos y una muerte casi segura. En la otra orilla, las familias empeñadas, el llanto amargo del futuro roto. Sirva como dato macabro. En el mes de julio de 2008 han muerto en alta mar medio centenar de personas intentando llegar a las costas de España, buscando un trabajo. Nunca verán cumplida su meta. Pero quienes consiguen el objetivo de pisar tierra, lo hacen escoltados por la armada, la guardia civil, la cruz roja, el centro de acogida, los 18 meses de secuestro legal y una repatriación segura. La canalla de los gobiernos civilizados, conservadores o socialdemócratas, de una sociedad opulenta, prefieren solapar su vergüenza bajo la ayuda al desarrollo y seguir robando las materias primas. Ya no hay sitio para los negros, los latinos y asiáticos, salvo si son futbolistas de élite. Ayer los africanos eran una mercancía bendita, los indios de América latina eran utilizados para la mita y la encomienda. Hoy, todos son rechazados bajo el calificativo de inmigrantes ilegales.

La inmigración, tanto como el derecho a ser libre, se criminaliza con argumentos espurios fundados en supuestas leyes de saturación del mercado de trabajo en occidente. Es posible que las normativas contra los inmigrantes ilegales evidencien el límite del capitalismo salvaje y de sus élites políticas, validando la frase de John Kennedy: Aquellos que imposibilitan la revolución pacifica, hacen que la revolución violenta sea inevitable.

fuente de la información: Rebelión

7/23/2008

Tema para el debate, interesante artículo que nos abre la posibilidad de seguir debatiendo sobre quiénes somos, o, cómo nos definimos como continente "latinoamericano".

El nombre de América Latina

www.estocolmo.se


El componente escencialista de la antigua búsqueda de la identidad como parte de diferentes proyectos nacionalistas —y que ocupó tanto tiempo a intelectuales como Octavio Paz—, no ha desaparecido completamente o se ha transmutado en una relación comercial de signos en lucha, en un nuevo contexto global. Y como siempre la realidad es un subproducto de equívocos de sus propias representaciones.

¿Qué significa "latino"? Por años, el latinoamericano típico —que es otra forma de decir "el latinoamericano estereotípico"— fue representado por el indígena de origen azteca, maya, inca o quechua que conservaba sus tradiciones ancestrales mezclándolas con los ritos católicos. Lo que tenían en común estos pueblos era la lengua castellana y la violencia común de la colonización. Sin embargo, todos, a los ojos europeos, norteamericanos e, incluso, ante sus propios ojos, eran definidos monolíticamente como "latinoamericanos". A los habitantes de la región del Río de la Plata se los llamaba, por parte de los anglosajones, "los europeos del Sur".

Si volvemos a la etimología de la palabra latina, veremos una fuerte contradicción en esta identificación anterior: ninguna de las culturas indígenas que encontraron los españoles en el nuevo continente tenían algo de "latino". Por el contrario, otras regiones más al sur carecían de este componente étnico y cultural. En su casi totalidad, su población y su cultura procedía de Italia, de Francia, de España y de Portugal.

En Valiente mundo nuevo, Carlos Fuentes nos dice: "Lo primero es que somos un continente multirracial y policultural. De ahí que a lo largo de este libro no se emplee la denominación 'América Latina', inventada por los franceses en el siglo XIX para incluirse en el conjunto americano, sino la descripción más completa Indo-Afro-Ibero-América. Pero en todo caso, el componente indio y africano está presente, implícito".

A esta objeción del ensayista mexicano, Koen de Munter responde con la misma piedra, observando que el discurso indigenista ha pasado a ser una moda, siempre y cuando se refiera a la defensa de pequeños grupos, políticamente inofensivos, folklóricos, de forma de olvidar las grandes masas que migran a las ciudades y se mimetizan en una especie de mestizaje obligatorio. Este mestizaje, en países como México, sería sólo la metáfora central de un proyecto nacional, principalmente desde los años noventa. Fuentes que sostiene que afortunadamente fuimos una colonia española y no inglesa, lo que permitió un "mestizaje" en el continente. Pero Koen de Munter entiende este tipo de discurso como parte una demagogia "hispanófila", de una "ideología del mestizaje" por la cual se soslayan las condiciones inaceptables de la actual realidad latinoamericana. Según el mismo autor, la hispanofilia de estos intelectuales no les permite recordar el racismo colonial de la España que luchó contra moros y judíos al tiempo que se abría camino en el nuevo continente. En resumen, más que mestizaje deberíamos hablar de una "multiple violation".

Al parecer porque el término propuesto era demasiado largo, Carlos Fuentes se decide por usar "Iberoamérica", siendo éste, a mi juicio, mucho más restrictivo que el propuesto "interesadamente" por los franceses, ya que se excluye no sólo a las oleadas de inmigración francesa en el Cono Sur y en otras regiones del continente en cuestión, sino a otros inmigrantes aún más numerosos y tan latinos como los pueblos ibéricos, como lo fueron los italianos. Bastaría con recordar que a finales del siglo XIX el ochenta por ciento de la población de Buenos Aires era italiana, motivo por el cual alguien definió a los argentinos —procediendo con otra generalización— como "italianos que hablan español".

Por otra parte, la idea de incluir en una sola denominación el componente indígena ("Indo") junto con el nombre "América" nos sugiere que son dos cosas distintas. Semejante, es la suerte de la pudorosa y "políticamente correcta" referencia racial "afroamericano" para referirse a un norteamericano de piel oscura que tiene tanto de africano como Clint Eastwood o Kim Basinger. Podríamos pensar que los pueblos indígenas son los que más derecho tienen a revindicar la denominación de "americanos", pero se ha colonizado el término como se colonizó la tierra, el espacio físico y cultural. Incluso cuando hoy en día decimos "americano" nos referimos a una única nacionalidad: la estadounidense. Para el significado de este término, tan importante es la definición de lo que significa como de lo que no significa. Y esta definición de las fronteras semánticas no deriva simplemente de su etimología sino de una disputa semántica en la cual ha vencido la exclusión de aquello que no es estadounidense. Un cubano o un brasileño podrán argumentar fatigosamente sobre las razones por las cuales se les debe llamar a ellos también "americanos", pero la redefinición de este término no se establece por la voluntad intelectual de algunos sino por la fuerza de una tradición cultural e intercultural. Si bien los primeros criollos que habitaban al sur del río Grande, desde México hasta el Río de la Plata se llamaban a sí mismos "americanos", luego la fuerza de la geopolítica de Estados Unidos se apropió del término, obligando al resto a usar un adjetivo para diferenciarse.

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7/18/2008


El migrante como sujeto de participación

El siglo XXI parece ser el siglo de las migraciones, eso parece, pero no. Hablar de las migraciones es hablar del ser humano. Siempre ha migrado de un sitio a otro. Lo ha hecho desde los inicios, desde que el ser humano empezó a andar erguido en África. Desde ahí parte, según expertos, desde la sabana africana a buscar nuevos horizontes. Anduvo años y años pasando y adaptándose de un sitio a otro, de un clima a otro, hasta el momento, no se ha podido demostrar que, Adán y Eva, hubiesen venido del espacio. De momento y eso es lo paradójico, todos, tenemos nuestras raíces en África.

Hoy sin embargo la migración es otra. Si en el pasado, reciente, los europeos huían a otros continentes en busca de una vida mejor. Hoy lo hacen las personas de esos continentes a los que, los europeos llegaron.. El modelo económico neoliberal es la principal causa de que much@s de los migrantes que llegan a Europa salgan de sus países. Vienen en busca de una vida mejor, porque las estructuras de sus países, es tan precaria, o se han vendido al capital extranjero, que les impulsa a huir en busca de otras condiciones de vida.

Los migrantes ya están viviendo en Europa y quieren participar también como sujetos y no como mendigos de la solidaridad. Sin embargo hasta en eso hay, como siempre, dos maneras (o más) de hacer que ellos participen.

La primera tiene que ver con la manera paternalista de atenderles y de asistirles. Se les atiende y asiste porque, se piensa, que los “pobres” son tan - y están - indefensos que habrá que echarles una mano. Esa manera paternal de ver la migración está muy asentada en personas con buen corazón, en personas que consideran que la atención pasa por ese tapiz de la solidaridad. Ayudan a los “pobrecitos” que llegan, cansados, por ello – y por eso - se les ofrece una ayuda de caridad, para que los migrantes, puedan vivir mejor. Es su manera cómoda y fácil de concebir la solidaridad; yo te ayudo en tanto en cuanto tú ves como te ayudo. Te doy mi voto para que veas en mí que me solidarizo contigo, etc. En definitiva esta primera manera de ver la migración es tan bochornosa como la directiva que se acaba de aprobar en el parlamento europeo. Porque le quitan el protagonismo a los migrantes.

Y la segunda es más ecuánime, equitativa y solidaria, evita que se desarrolle la primera. Y es que, si el migrante se organiza puede ser un motor de lucha. Esta segunda opción es la que tiene que ver más con el carácter de clase, de esa clases que hablan los marxistas. Que sea él/ellos, el sujeto, sin que nadie, hable por ellos, sin que nadie les lleve de la mano, sin que nadie les diga cómo, cuándo y dónde tienen que hablar. Que sean ellos los que exijan sus derechos, organizándose y sobre todo y ante todo solidarizándose entre ellos porque sólo así estarán al lado de los que luchan aquí - como en sus países - por un mundo más justo. Que quienes migran sean los protagonistas, y los demás, es decir aquellos de buen corazón, sean un apoyo pero nunca un padre ni una ONG que les asiste y atiende. Que sean ellos en definitiva los sujetos de participación y de sus luchas reivindicativas.

la primera es la más arraigada en nuestra sociedad europea, si tenemos en cuenta que Europa se jacta de ser la panacea de la cultura democrática, ejemplo de la modernidad se entiende quizá el porqué está más arraigada. Todo pasa por la pátina euro centrista del mundo, la modernidad intelectual y cultural pasa por el occidente rico e imperial. La segunda es muy “poco fiable” para los que ostentan el poder, y también para aquellos que ven a los que vienen del Sur como los pobres de esta tierra, los incultos, los que no saben hablar, los que necesitan de nuestra ayuda paternalista y asistencialista de la solidaridad.

Y la segunda supone que los migrantes están al lado de los nacionales exigiendo sus derechos sin padrinos, ni padres ni pordiosero, luchan por sus derechos con dignidad, desde su propia identidad se afirman y se solidarizan también con aquellos que aquí, luchan.

Porque guste o no, los migrantes también traen un bagaje cultural, social, político e ideológico. Puede ser una utopía pedir que ya basta de asistencialismo de los estados y sus ONGs hacia las asociaciones de migrantes. Ya basta de continuar con la primera la más lívida solidaridad de asistencia. A los migrantes se les da las migajas, mientras los nuevos funcionarios con su paternal manera de solidarizarse con ellos, no hacen otra cosa más que justificar a aquellos maximalistas maltusianos que anuncian por todos los medios, que la migración es un problema, que vienen en avalancha y habrá que ponerle muro a esa migración que nos invade.

Si nosotros hacemos que se imponga la segunda opción en los colectivos de migrantes, y en aquellos que dicen trabajar para ellos, la solidaridad entre “mismos”, nacionales y migrantes, será una lucha de clases y desde ahí podemos hacer que algo cambie en este sistema capitalista neoliberal que no ve más que fuerza de trabajo, donde hay personas con rostros, con iniciativas de clase y no simples números como suele verlos siempre el capital.


Artículo tomado de txanba payés

7/15/2008


PSOE, Ley de extranjería y la Directiva de la vergüenza.

Txanba Payés*

Quién nos iba a decir a la mayoría de las personas con sentido común que pasado el tiempo de la aprobación - aprobación y aprobación - de la ley de extranjería a propuestas - e impuestas - por la derecha xenófoba española, la ley seguiría siendo la misma con la llegada al poder por el partido que se dice de “izquierdas” y que de izquierda no tiene nada, solamente un trasunto de verborrea barata.

Pues, si, han pasado ya cuatro años, y nos esperan otros cuatro con este mismo gobierno que sigue los pasos de su partido gemelo en cuanto a políticas económicas neoliberales. Con el tiempo va perfilando mejor su pátina e ideológica línea política neoliberal.

“La ley de extranjería es una porquería” gritábamos (todavía se grita) cuando se proponían las modificaciones en el parlamento. Los movimientos sociales y las ONGs que trabajaban - y trabajan – con los migrantes y sus asociaciones, nos movilizamos entonces para
denunciar que en el fondo de dicha ley se estaban vulnerando los derechos más elementales de todas las personas. Pero por más movilizaciones y denuncias; concentraciones y denuncias, la ley se aprobó con la mayoría absoluta del partido xenófobo del PP.

Sin embargo muchos creían que una vez que el PSOE llegara al poder, a la ley se le harían las modificaciones pertinentes que exigían - exigíamos - los movimientos sociales, las ONGs, y las asociaciones de migrantes, pero eso nunca llegó, ni llegará. Es más, en lugar de que veamos mejoras en la Ley, las cosas se tuercen aún más para los migrantes, para tod@s los migrantes. Hoy ya no sólo a aquéllos que van a llegar en busca de una vida mejor, también a los migrantes que están aquí; miles trabajan sin contrato; y otros miles se están quedando en paro y no tienen “papeles en regla”. Aunque los medios en su mayoría no publique la noticia, ya empezaron a capturar, se hacen redadas en barrios, en ciudades y se les “expulsa” después de haber trabajado y aportar de forma indirecta al estado, ingresos con sus impuestos. Ahora con la crisis económica, se les echa como delincuentes del país al que h
an vendido su fuerza de trabajo.

Si el Partido Popular intentó llevar su política xenófoba para cambiar, por tres veces, la ley de extranjería en el Estado español, esa misma política quiso llevarla a la unión europea, ellos no lo consiguieron. El PSOE, es quien ha llevado a la Unión europea, su política represiva “legal” a los migrantes, la del partido xenófobo del PP. Son los euro parlamentarios socialistas, los que presionaron y votaron la llamada Directiva del Retorno en el parlamento europeo. Por más que quieran justificar su postura a dicha directiva, argumentos no tienen, pero tienen medios que consuno y lábil apoyo ideológico se prestan al insanio discurso xenófobo y así justificar sus posturas cercanas a la extrema derecha europea.

Hoy los migrantes además de muros físicos se encuentran con un muro xenófobo institucional aprobado por partidos de corte fascista, de extrema derecha con la complicidad de aquéllos partidos que se dicen de “izquierda” como el PSOE. Hoy tenemos, pues, ley de extranjería impuesta y aprobada por la mayoría del PP y, llevada a la práctica por el PSOE en el estado español, y la directiva de la vergüenza en toda la Unión apoyada por el Partido Socialista Obrero Español.

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Este artículo esta tomado de kaos en la red.

*Colaborador habitual de ACLAI.

7/07/2008



Con el Eurodiputado Vittorio Agnoletto

La Directiva de la vergüenza

Giorgio Trucchi


Managua

El pasado 18 de junio, el
Parlamento Europeo aprobó la polémica “Directiva del retorno de inmigrantes ilegales”, es decir un acto normativo europeo sobre las repatriaciones de los migrantes "irregulares", desatando fuertes protestas a lo largo y ancho de todo el planeta.


Con esta Directiva, los parlamentarios europeos amplían la detención de los denominados “ilegales” en los Centros de Permanencia Temporal (CPT) hasta un máximo de 18 meses, incluyen la posibilidad, en algunos casos, de detención de menores de edaden los CPT, sancionan la prohibición de volver a Europa por un plazo de cinco años después del primer ingreso y permiten la expulsión hacia países diferentes del de pertenencia.


Para tratar de entender qué es lo que está pasando en Europa y cómo se llegó a aprobar esta Directiva “de la vergüenza”, la cual más que detener el flujo continuo e incesante de inmigrantes en busca de una oportunidad de vida, parece estar pensada para congraciarse con los ciudadanos de cada país europeo, y poder decir “Yo sí lo intenté”, Sirel conversó con el parlamentario europeo de la bancada Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica (GUE-NGL), Vittorio Agnoletto (1).


-¿Cómo se llega a formular y aprobar esta Directiva europea?



-La Comisión Europea (2) escribió esta Directiva en respuesta a una invitación del Consejo de la Unión Europea (3). Lastimosamente para nosotros los italianos, esta Directiva surge a raíz de la presencia del actual Ministro del Exterior italiano, Franco Frattini, quien en aquel entonces era Comisario Europeo de Justicia, Seguridad y Libertad. Cuando la directiva llegó al Parlamento para su discusión, ya se había logrado un amarre entre las bancadas de tendencia conservadora, la Comisión y el Consejo, para que el Parlamento no tuviera la opción de discutirla libremente, sino solamente de aprobarla como estaba redactada.


Esta situación se genera por diferentes motivos. Si aportábamos cambios al texto original, la Directiva iba a ser enviada nuevamente a la Comisión y al Consejo, para ser discutida otra vez, y aprobada, porque el texto definitivo debe contar con la aprobación de las tres instancias. Además, retrasar la aprobación quería decir casi seguramente que no se lograra su aprobación en esta legislación que termina en 2009, mientras que existían fuertes presiones de los gobiernos europeos para que se aprobara de inmediato.


Lo que en este caso se tambaleó peligrosamente fue la soberanía misma del Parlamento, o sea la posibilidad de los diputados de discutir abiertamente y aportar modificaciones al texto.



-¿Qué tipo de presiones hubo por parte de los gobiernos?


-Hubo presiones muy fuertes
de todos los gobiernos para que la Directiva se aprobara de inmediato y sin modificaciones, pero hay que destacar el papel que jugaron los gobiernos de España y Francia, porque esta directiva nace a través de un férreo acuerdo entre Sarkozy y Zapatero, y sucesivamente, el Consejo la aprueba en sus líneas generales y la pasa a la Comisión para su redacción escrita. Es un hecho grave, porque los gobiernos de Francia, España, los laboristas ingleses y los socialdemócratas alemanes presionaron a sus partidos para que sostuvieran el texto de la directiva en el Parlamento, y eso abrió un enorme debate en la bancada del Grupo Socialista. Los tres partidos socialistas que actualmente están gobernando en sus respectivos países tenían un mandato taxativo de los gobiernos de aprobar esta Directiva. Es por esto que, al momento del voto, el Grupo Socialista presentó algunas mociones para mejorar el texto, pero fueron rechazadas por la alianza de la derecha (NdR: Grupo Partido Popular Europeo - Demócratas Europeos, Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa). Lo más grave fue que en el momento de la votación el Grupo Socialista se dividió: la mitad votó en contra, un 35 por ciento se abstuvo, incluyendo a los del Partido Democrático (PD) de Italia, y un 15 por ciento votó a favor. El voto contrario fue expresión de una parte de los socialistas, el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda verde Nórdica (GUE-NGL) y el Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea (Verdes/ALE).


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7/04/2008


Directiva de la vergüenza
Más migración para beneficio... de otros



El inefable secretario del Trabajo, Javier Lozano, en entrevista radiofónica realizada por Joaquín López Dóriga, explicó con bombo y platillo el acuerdo piloto firmado entre España y México para que empresas españolas contraten trabajadores mexicanos: tendrá duración de un año y “no tiene ni mínimo ni máximo; es tan amplio como nuestras capacidades y el mercado lo demanden, además de que los trabajadores pueden recibir muy diversas calificaciones”. Podemos inferir que serán candidatos casi naturales todos los que no encuentren trabajo aquí, o cuyo salario sea insuficiente, lo que abarca a muchos millones. Se señala que se les va a dar el mismo trato que a cualquier trabajador español, pero con una diferencia pequeñita: el español se queda, mientras el mexicano debe repatriarse porque tiene base temporal, lo que de entrada es altamente cuestionable. No obstante, es tal la euforia del funcionario que incluso echa mano del esoterismo para afirmar que gracias a que “hoy los astros se alinearon” se logró tal maravilla.

No puede dejarse de lado que esta “maravillosa” propuesta se enmarca en la nefasta aprobación que hizo el Parlamento Europeo de una normativa para repatriar a inmigrantes indocumentados residentes en los países de la Unión Europea, denominada “directiva de retorno”. Algunos de sus puntos son que los indocumentados podrán permanecer detenidos hasta 18 meses antes de ser expulsados, aunque si la autoridad supone que no va a cumplir con la orden de expulsión puede detenerlo seis meses mientras es procesada su deportación. A quienes son considerados “una amenaza” se les prohíbe regresar por cinco años a cualquier parte de la totalidad del bloque. El número es importante, pues se calcula que en la Unión Europea podría haber hasta 8 millones de indocumentados en las 27 naciones que la integran. Esto es una flagrante violación a los más elementales derechos humanos y laborales de los migrantes, quienes reciben trato de delincuentes, no de trabajadores, a pesar de que la gran mayoría se encuentra participando activamente en los diversos procesos productivos.

El argumento que se maneja es que “queremos una migración ordenada, legal y manejable”, aludiendo a los indocumentados, aunque ellos sean los responsables de que se haya disparado esa migración. Pero la supuesta legalidad es una falacia, pues al final resulta el marco que les permite violar los más elementales derechos humanos de los trabajadores. Y si no que pregunten a los migrantes que se van a Canadá o a aquellos que se dirigen a Estados Unidos y que se contratan conforme la visa H2A. La situación que sufren estos trabajadores, que ya he descrito en colaboraciones anteriores, se ilustra aquí con algunos más de sus infortunios: no pueden cambiar de granjero, aun cuando se haya comprobado que éste no cumple las reglas del contrato; si se enferman, si llueve o sobrevienen desajustes climáticos no se les paga; es obvio que no gozarán de ninguna jubilación, aun cuando lleven 20 años bajo contrato temporal, etcétera. Ellos mismos han señalado que viven bajo nuevas formas de esclavitud, y cuando se les pregunta por qué siguen yendo si esas condiciones son tan lamentables, la respuesta es contundente: “porque no nos queda de otra si queremos que nuestras familias por lo menos coman”.

Los mexicanos se enfrentan a un gobierno que lo único que tiene en mente es servir de reservorio de fuerza de trabajo para los grandes países desarrollados a cambio de nada. Bueno, de las remesas, se dirá, pero habría que ponerlas en perspectiva para comprender sus verdaderos efectos. Por un lado es cierto que las familias tienen una entrada que les permite elevar su consumo básico, pero hasta ahí. Lo que quiere decir que las condiciones por las que ese familiar ha tenido que emigrar se mantienen y la consecuencia directa es que se reproduce una fuerza de trabajo que en cuanto tenga la edad suficiente continuará el mismo camino.

El gobierno mexicano con su estrategia de “más migración” me recuerda al de Francisco Franco, quien a través de acuerdos migratorios con diversos gobiernos europeos echó del país una fuerza de trabajo que no podía emplear, tratando de encubrir los graves estragos que su régimen había propiciado. Llegaron los socialistas y revirtieron la situación, a tal punto que España ahora padece amnesia y firma un acuerdo que es una vergüenza para todos los países democráticos.


Está tomado de Rebelión